CEO interino vs. CEO permanente y el precio de la inacción

CEO interino vs. CEO permanente

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Los consejos de administración suelen plantear la elección entre un CEO interino y un CEO permanente como una preferencia de liderazgo. El debate se centra rápidamente en la experiencia, la idoneidad, la visión y la credibilidad a largo plazo.

En ese marco, esperar al CEO permanente adecuado parece cuidadoso y responsable, mientras que nombrar a un interino puede parecer un compromiso.

Lo que esto pasa por alto es el coste de la espera.

En muchas situaciones del mundo real, la decisión más cara de un CEO no es elegir al líder equivocado. Es dejar que la organización vaya a la deriva mientras nadie la dirige con claridad.

Por qué esperar parece la opción más segura

La espera de un CEO permanente parece defendible porque sigue un guión conocido. Se lanza una búsqueda, se consideran candidatos internos, se contrata a asesores y se dice a la organización que se está gestionando la continuidad.

Durante este periodo, las juntas directivas a menudo asumen que el negocio “se mantiene estable”. En realidad, está ocurriendo algo más sutil.

La autoridad se debilita sin derrumbarse visiblemente. Los altos directivos dudan en comprometerse con decisiones que pueden ser revocadas. Los comités se amplían para compartir responsabilidades. Se pide a los asesores que hagan aportaciones, pero la autoridad firmante se vuelve cautelosa y condicional. Todo el mundo está ocupado, pero se decide muy poco.

La espera da sensación de calma. Lo que en realidad crea es una lenta erosión.

Cómo es realmente el precio de la inacción

El coste del retraso rara vez aparece como un único fracaso dramático. Se acumula silenciosamente en múltiples frentes.

Los síntomas típicos incluyen:

  • los clientes perciben incertidumbre y retrasan los compromisos
  • los proveedores endurecen las condiciones o reducen la flexibilidad
  • los bancos aumentan el escrutinio y acortan la tolerancia
  • los equipos internos aplazan las decisiones “hasta que llegue el nuevo Director General”

Ninguno de estos efectos es catastrófico por sí solo. Juntos, cambian el comportamiento de toda la organización. La ejecución se ralentiza. Aumenta la aversión al riesgo. El efectivo se escapa a través de ineficiencias de las que nadie se apropia explícitamente.

Lo más perjudicial de todo es que la autoridad decae. Cuando el liderazgo se percibe como temporal, la organización pasa de la ejecución a la autoprotección. Para cuando se nombra a un CEO permanente, la empresa suele estar en una posición más débil que cuando comenzó la búsqueda.

Esperar no es neutral. Es una elección activa con consecuencias.

Por qué los directores generales interinos y permanentes sirven a objetivos diferentes

El error que cometen a menudo los consejos de administración es tratar a los directores generales interinos y permanentes como sustitutos que compiten por el mismo puesto. No lo son.

A consejero delegado permanente se elige para definir la dirección a largo plazo, la cultura y la ambición estratégica. En consejero delegado interino es designado para restablecer el control, la ejecución y la capacidad de toma de decisiones cuando la organización queda expuesta.

Los problemas surgen cuando se invierten estos papeles. Los consejos piden a los CEO interinos que aporten una visión a largo plazo, mientras esperan que los permanentes solucionen de inmediato la inestabilidad a corto plazo. El resultado son dudas en ambos frentes.

La verdadera cuestión no es quién debe liderar para siempre, sino quién debe liderar ahora.

Qué cambia en la práctica un Director General interino

Un director general interino no elimina la incertidumbre. Lo que cambia es el comportamiento.

Con un mandato claro, un CEO interino puede:

  • decidir y firmar sin esperar a la futura alineación
  • ejecutar acciones que otros posponen racionalmente
  • absorber la presión sin gestionar la óptica de la carrera interna

Esto no resuelve mágicamente los problemas estructurales, pero restablece el impulso. Las decisiones se mueven de nuevo. La secuencia se aclara. Las partes interesadas externas responden de forma diferente porque la responsabilidad es visible.

El valor de un CEO interino no es la velocidad por sí misma. Es el restablecimiento de la autoridad mientras se gana tiempo.

Por qué las búsquedas permanentes de CEO suelen funcionar mejor con un interino en el puesto

Los consejos de administración suelen temer que el nombramiento de un CEO interino retrase o complique la búsqueda permanente. En la práctica, suele ocurrir lo contrario.

Cuando la ejecución se estabiliza, el tablero gana tiempo sin perder el control. Los datos sobre el rendimiento son más fiables. Los candidatos internos son evaluados en condiciones más tranquilas. Los candidatos externos se comprometen con una empresa que funciona, no que va a la deriva.

Las decisiones permanentes de los CEO tomadas desde la estabilidad tienden a ser más sólidas y duraderas que las tomadas bajo presión.

El liderazgo interino no sustituye al CEO permanente. Protege las condiciones en las que el CEO permanente puede tener éxito.

Las juntas comparativas deberían hacer

La verdadera comparación no es CEO interino frente a CEO permanente.

Es acción frente a retraso.

Esperar la certeza es una sensación de responsabilidad, pero la certeza rara vez llega a tiempo. Mientras tanto, la autoridad se erosiona, la ejecución se ralentiza y el valor se escapa silenciosamente. Actuar pronto para estabilizar el liderazgo no elimina el riesgo, pero evita que la inacción se convierta en la decisión más cara de todas.

Los consejos que entienden esto no tratan el liderazgo interino como un compromiso. Lo utilizan como mecanismo de control, actuando pronto para estabilizar la autoridad y eligiendo un liderazgo permanente desde una posición de fuerza y no de urgencia.

Ese es el precio real de la inacción.

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