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Las salidas del capital riesgo suelen enmarcarse en momentos de traspaso. La propiedad cambia de manos, el capital se devuelve y la responsabilidad se traslada. Esta lógica se rompe por completo en situaciones de crisis, en las que el cierre es inevitable.
En ese momento, la palabra “salida” se vuelve engañosa. No hay un traspaso limpio. Sólo hay una responsabilidad continuada bajo un control cada vez menor. Incluso cuando el valor financiero se ha evaporado en gran medida, la exposición no lo ha hecho. De hecho, a menudo se intensifica.
Para los patrocinadores, éste es el momento en que cambia la naturaleza de su papel. El trabajo ya no es financiero. Es la gobernanza y la ejecución bajo escrutinio.
Por qué la amortización no pone fin a la responsabilidad del promotor
Una depreciación se siente como un cierre porque resuelve internamente la historia de la inversión. Se reconoce la pérdida de capital. La atención se desplaza al resto de la cartera. Sobre el papel, el daño está hecho.
En realidad, la fase más visible no ha hecho más que empezar.
Los consejos de administración, los reguladores, los empleados y los acreedores no juzgan a los patrocinadores por su tratamiento contable. Juzgan la conducta. Los deberes del director permanecen. La influencia del patrocinador sigue siendo visible. Las decisiones tomadas durante el cierre tienen consecuencias jurídicas y de reputación que van más allá del propio activo.
La suposición de que la responsabilidad termina con la amortización es uno de los errores más caros en las salidas de PE en dificultades.
Cuando se sigue perdiendo valor una vez “muerta” la inversión”
Incluso cuando desaparecen las ventajas, el valor material sigue estando en peligro durante el cierre. Las pérdidas se aceleran por fallos de ejecución que parecen operativos pero tienen consecuencias estratégicas.
- Las paradas se gestionan de forma reactiva, lo que aumenta los costes y la responsabilidad.
- Las salidas de los trabajadores se aceleran, llevándose consigo el conocimiento y el control.
- Los activos se manipulan mal o se comercializan precipitadamente, destruyendo su valor recuperable.
- Los errores normativos provocan escrutinio y retrasos.
- El riesgo de litigio surge de la conducta, no del resultado.
Estas pérdidas rara vez se reflejan claramente en los informes de inversión, pero determinan la forma en que se recuerda la salida.
Los riesgos únicos de los EP durante el cierre
Los cierres dentro de activos propiedad de PE se juzgan de forma diferente a los cierres corporativos.
La participación de los patrocinadores atrae el escrutinio. Las decisiones se examinan más desde el punto de vista de la gobernanza que desde el operativo. La línea entre supervisión y control se vuelve delicada. Las acusaciones de gestión en la sombra afloran fácilmente cuando la autoridad no está clara.
Las repercusiones en la reputación son importantes. Un cierre mal gestionado no se limita al activo. Influye en el comportamiento del prestamista, la voluntad de la dirección y la percepción del LP en toda la cartera.
A diferencia de las empresas, las empresas de capital riesgo no pueden absorber daños a la reputación detrás de una sola marca. Cada salida se convierte en un punto de referencia.
Por qué los patrocinadores se desvinculan demasiado pronto
La desvinculación temprana durante las salidas problemáticas rara vez es negligencia. Es un incentivo.
Una vez amortizada la inversión, la atención se desplaza a los activos en los que todavía se puede crear valor. El tiempo escasea. El cierre parece un detalle operativo que es mejor delegar en la dirección y los asesores.
También hay malestar. El cierre no ofrece ventajas ni crédito profesional. La exposición legal se vuelve más personal. La distancia emocional parece racional.
El problema es que la desvinculación crea un vacío. La autoridad se difumina. Los asesores aconsejan sin apropiación. Los incentivos de gestión se desploman. La calidad de la ejecución se deteriora al tiempo que las consecuencias se hacen irreversibles.
La ejecución del cierre es una decisión de gobierno
En las salidas de PE en dificultades, el cierre no es una tarea operativa. Es una decisión de gobernanza.
La autoridad de ejecución debe ser explícita. Alguien debe encargarse de la secuencia, la comunicación con las partes interesadas, la postura de cumplimiento y la responsabilidad final. Las estructuras de asesoramiento por sí solas son insuficientes. Sin una titularidad visible, la deriva se instala rápidamente.
Los consejos de administración que tratan el cierre como un final técnico a menudo descubren demasiado tarde que fue el fracaso de la gobernanza, y no las condiciones del mercado, lo que destruyó el valor restante.
Cuando la densidad de liderazgo preserva el valor PE
La preservación del valor durante el cierre depende de la densidad de liderazgo, no del esfuerzo o la intención.
Algunas zonas requieren un control constante y visible:
- Visibilidad a nivel del Consejo: Las decisiones siguen siendo propias y defendibles.
- Claridad de la autoridad de gestión: Las funciones son explícitas incluso cuando los incentivos se debilitan.
- Alineación de reguladores y acreedores: Un compromiso constante evita la escalada.
- Estabilidad de la mano de obra: Los conocimientos se retienen el tiempo suficiente para ejecutarlos correctamente.
No se trata de detalles operativos. Son responsabilidades de los patrocinadores.
Cuando la dirección interina estabiliza los cierres de PE en dificultades
En muchas salidas de PE en dificultades, el liderazgo permanente ya no está en condiciones de mantener una exposición sostenida. Los incentivos de los patrocinadores desvían la atención hacia otra parte. La credibilidad de la dirección se erosiona. La autoridad se fragmenta.
Aquí es donde a veces se introduce el liderazgo interino. No para rescatar el activo, sino para dirigir la ejecución hasta el cierre con neutralidad y autoridad.
Empresas como CE Interino operan en estos entornos para estabilizar la gobernanza, coordinar a las partes interesadas y garantizar que la ejecución no se deshaga una vez que la decisión sea irreversible.
El objetivo no es la creación de valor. Es la contención del valor.
Cómo recuerdan estas salidas los LP y los mercados
Los LP rara vez juzgan a los patrocinadores únicamente por su rentabilidad. Juzgan cómo se comportan cuando las cosas van mal.
Las salidas en dificultades se recuerdan mucho después de que se hayan amortizado las cifras. La conducta de cierre se convierte en parte de la identidad de una empresa. Influye en la confianza, los futuros mandatos y la disposición de los directivos y prestamistas a volver a participar.
Para el capital riesgo, el fracaso no se define por las pérdidas. Se define por la responsabilidad con que se gestiona la pérdida cuando el control es más importante.


